Dulce Navidad con la repostería conventual

    Las monjas de los monasterios gaditanos mantienen una arraigada tradición basada en la elaboración de dulces típicos navideños. No corren los mejores tiempos, pero ellas mantienen viva la memoria de sabores típicos

    Por Reyes Seijas

    Salvando gustos y opiniones diversas, para la gran mayoría la Navidad es esa época del año en la que la familia, la ilusión y los buenos deseos afloran más que en cualquier otro período del año. Las reuniones familiares, que este año se sucederán de acuerdo a las medidas recomendadas y la responsabilidad individual, suelen congregar a todos alrededor de la mesa para compartir recetas que solo suelen prepararse en estas fechas.

    A la decoración, las luces y los villancicos que generan el entusiasmo infantil, se suma el gusto de los adultos por perpetuar tradiciones que suelen pasar generación tras generación. La elaboración de dulces típicos navideños es una de ellas, pero son las monjas de clausura quienes más saben sobre ello, a sabiendas que constituyen parte fundamental de la cultura y la historia gastronómica de la provincia de Cádiz.

    La repostería que desde hace décadas vienen vendiendo en sus tornos las religiosas responde a conexiones con la gastronomía andalusí y sefardí. De ahí su elaboración con ingredientes base, como las almendras, el ajonjolí, la matalauva, la miel o la canela. Ellas son las verdaderas artífices de la permanencia de esos dulces típicos que alegran el paladar en Navidad, con recetas que guardaron y fueron evolucionando tras los muros de los monasterios. Los secretos mejor custodiados de nuestra repostería, que finalmente han dado lugar a los dulces hoy tradicionales y elaborados con materias primas cien por cien naturales. 

    Los conventos gaditanos donde aún conviven, aunque en menor número que antaño, las monjas de distintas congregaciones continúan haciendo artesanalmente y vendiendo mantecados de almendra, chocolate, vainilla o canela, pan de Cádiz, figuras de mazapán, pastelitos de bienmesabe, pastas de mantequilla, pestiños, empanadillas de hojaldre con cabello de ángel, hojaldrinas, nevaditos y un sinfín de variedades. Sin olvidar el popular Rompope, que es el licor que producen las monjas Agustinas de Medina Sidonia. 

    La gran mayoría de estos dulces están a la venta durante todo el año, pero las fiestas navideñas es sin lugar a dudas la temporada fuerte. Los añejos obradores de las hermanas rezuman calor y olor estos días, en los que el cariño y el profundo conocimiento repostero se sitúan en primera línea. 

    La Diputación de Cádiz y otras fundaciones apoyan desde hace años la inconmensurable labor que vienen haciendo estas mujeres, aunque este año a la escasez creciente de vocación religiosa y con ello un menor número de mujeres  que se adhieren a las congregaciones, se unen los inconvenientes desencadenados por la pandemia. La reducción de la movilidad y la imposibilidad de celebrar eventos multitudinarios, ha impedido la organización de ferias en las que se solían reunir la amplia gama de dulces navideños procedentes de las distintas localidades gaditanas donde las monjas continúan con esta actividad. 

    Aun así, a lo largo y ancho de la provincia gaditana podemos encontrar estas legendarias delicias en el convento del Corpus Christi, en Conil de la Frontera; el de Jesús Nazareno, en Chiclana; los de San José, Nuestra Señora de Gracia y Madre de Dios, en Jerez de la Frontera; los de Jesús, María y José y San Cristóbal, en Medina Sidonia; y los de Regina Coeli, Madre de Dios y Santa Teresa, en Sanlúcar de Barrameda. Destaca la actualización a los tiempos de la congregación de las Agustinas, del Puerto de Santamaría en cuya web monasteriodelespiritusanto.com se pueden comprar cualquiera de sus especialidades.

    Las tradiciones más dulces de la Navidad han llegado y se mantienen hoy gracias al conocimiento y las manos de estas reposteras religiosas. Recetas que se guardan con cariño y devoción por la historia de nuestra gastronomía, que son un signo de identidad del sector turístico de la provincia y además ayudan a estas mujeres a mantenerse tras los muros de los monasterios.