El ‘juego’ de las orcas con las embarcaciones en aguas del Estrecho

    Por Pablo Moro · Fotos SGplus

    Divisar orcas en el Estrecho de Gibraltar y sus cercanías no es algo extraño. La presencia de una de sus presas preferidas, los atunes rojos, hace que año tras año estos cetáceos se acerquen hasta la costa gaditana para darse un buen homenaje gastronómico, similar al que los humanos disfrutamos en alguno de los muchos restaurantes de la zona. 

    La Cueva de Atlanterra, también conocida como de Las Orcas, alberga en su interior diversas marcas y pinturas que indican las fechas en las que los túnidos llegaban a la zona (solsticio de invierno y equinoccio de primavera), con señales que también hacen referencia a la presencia de las orcas. Esta cavidad es del Neolítico. Nada nueva, por tanto, la presencia de las erróneamente llamadas ballenas asesinas en nuestras aguas.

    Sin embargo, este año se han producido decenas de ataques de orcas a pequeñas embarcaciones, de hasta 15 metros de eslora, que hasta ahora eran mucho menos frecuentes. Si este año rozan ya las setenta, en 2020 ni tan siquiera llegaron a cinco. En Galicia se dio una circunstancia parecida, pero con muchos menos casos. 

    En común, los daños producidos en el timón, una treintena desde marzo de 2021, teniendo que ser remolcados a puerto para su reparación. Esta circunstancia ha obligado al Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, a través de la Capitanía Marítima de Cádiz, a restringir la navegación de veleros de hasta 15 metros de eslora entre el cabo de Trafalgar y Barbate hasta el 7 de septiembre. El peligro de un barco a la deriva en una zona de tanto tráfico es evidente, así como el riesgo de terminar colisionando con las rocas de la costa.

    El incremento de los incidentes protagonizados por las orcas ha dado protagonismo a los investigadores, que insisten siempre en el carácter pacífico de estos cetáceos. Nunca se ha documentado un ataque a seres humanos, así que los biólogos consideran que este modus operandi debe estar más relacionado con una actividad lúdica o de aprendizaje. Si solo es un juego, dice alguno de ellos, es un juego peligroso.

    Para llegar a esta conclusión, García Gómez ha explicado que la manera de interactuar con los veleros es muy similar a la estrategia que las orcas utilizan a la hora de cazar atunes. Los adultos se sitúan, según los testimonios de los testigos, a los lados de la embarcación, mientras que los ejemplares jóvenes son los que comienzan a tocar, incluso morder, el timón, que al moverse llama su atención.

    Cuando se trata de los atunes, las orcas los rodean para evitar que huyan, de manera que resulte mucho más fácil para el grupo darles alcance. En ocasiones, como cuando la presencia de atún disminuyó, restringiéndose el cupo de capturas a los pescadores, los inteligentes cetáceos se aprovechaban de su trabajo y se los “robaban” cuando se aproximaban a la superficie. En cambio, no suelen acudir a las almadrabas, bien sea por la presencia del hombre o por el miedo y respeto hacia las redes.

    La organización ambientalista CIRCE, por su parte, ha presentado al Gobierno central un plan con medidas urgentes para reducir las interacciones. Para ello ha realizado un estudio en el que usan los más de 25 años que CIRCE tiene sobre la dinámica de poblaciones, fluidez de estructura social, comportamiento y transmisión cultural de la orca ibérica. 

    Los resultados han sido presentados a los ministerios para la Transición Ecológica y de Transportes, sobre las interacciones con orcas que se han observado a lo largo de los últimos tres años en las costas de la península ibérica, declaró recientemente el coordinador del análisis, Renaud de Stephanis.

    Circe propone un plan de acción en tres fases con el objetivo de modificar la motivación que lleva a las orcas a acercarse a las embarcaciones y para ello se buscará eliminar cualquier tipo de reacción por parte de cualquier embarcación. En resumen, habría que ignorar a las orcas, sin variar la ruta inicial ni gritarles. 

    Sea como fuere, se espera que para el mes de marzo de 2022 las orcas vuelvan al Estrecho de Gibraltar, así que para entonces el problema podría regresar y no estaría mal afrontarlo con un mayor conocimiento y unas pautas que seguir por parte de los patrones y miembros de la tripulación.