Los riesgos del proyecto de fondeadero frente a Sotogrande

    Los avances en el planteamiento de esta instalación portuaria frente a la costa de Sotogrande llenan de inquietud a diferentes sectores de la zona

    La posible instalación de un gran fondeadero mercante frente al litoral mediterráneo de San Roque es una de las noticias más comentadas en la actualidad de Sotogrande por los posibles efectos negativos que pueda tener en una zona dedicada al turismo nacional e internacional de máxima calidad, reconocido a nivel mundial.

    Por eso en nuestro Encuentro de SGplus de este número hemos querido recabar la opinión de representantes de diferentes entidades y actividades, contando con el director de Puerto Sotogrande, Miguel Ángel Díez; los concejales del Equipo de Gobierno Local del Ayuntamiento de San Roque, Óscar Ledesma y Belén Jiménez; el Comodoro del Real Club Náutico Sotogrande, Mané Carlier; el CEO de Ayala Polo Club, Antonio Alés; y Sergio Sánchez, Gerente de la Entidad Urbanística de Conservación de Sotogrande.

    La preocupación común por los efectos negativos a diferentes niveles que esta instalación portuaria frente a sus costas pueda tener en la zona ha hecho que todas estas entidades se estén uniendo, habiendo participado ya en varias reuniones para poner en común ideas e iniciativas ante este proyecto.

    En este sentido, es una suerte poder contar en nuestra mesa de Fresco Marina con varios protagonistas que están siguiendo muy de cerca cada avance en este tema, además con un alto conocimiento técnico del mismo, como es el caso de Miguel Ángel Díez que comienza recordando de dónde nace esta idea del fondeadero y cuál es la situación actual.

    “El proyecto ya vino en 2017 desde la Autoridad Portuaria de la Bahía de Algeciras como una ampliación de la zona 2 del puerto, y ya en su momento nosotros pusimos alegaciones”, comienza el director de Puerto Sotogrande. “Ahora la situación ha cambiado sustancialmente en el procedimiento. Ya no es una ampliación solicitada por la APBA, sino que, mediante una advocación es la Dirección General de la Marina Mercante la que determina que ahí se pueda fondear siempre que haya una autorización previa de la Capitanía Marítima de Algeciras”.

    “En un primer momento, como la ampliación del puerto requiere diferentes estudios de impacto ambiental previos, eso quedó ahí. Después vino la pandemia y tras todo ese tiempo, en febrero de 2023 llega un Real Decreto de Ordenación de los Espacios y Usos del litoral que es aprobado sin que nadie nos diésemos cuenta, proponiendo el mismo fondeadero”, continúa Miguel Ángel. “En la propuesta inicial había 6.000 hectáreas de fondeadero, que son millones de metros cuadrados, y ahora se ha reducido a 2.700 hectáreas”.

    “La diferencia entre un procedimiento y otro es mucha”, apunta Óscar Ledesma. “En mi opinión, los promotores del proyecto se darían cuenta que la necesidad de una declaración previa de impacto ambiental iba ha complicarlo mucho más y han decidido hacerlo ahora más fácil por esta vía”.

    “Ahora no ha habido ni siquiera alegaciones, sino sugerencias”, apuntan tanto Óscar como Miguel Ángel. “Y yo espero que más adelante se haga esa evaluación ambiental porque nada es inocuo, todo tiene su impacto. De todas formas, yo soy partidario, y Óscar lo sabe porque hemos coincidido en varias reuniones, en hacer una oposición constructiva ante el proyecto. De una forma o de otra esto va a llegar, con lo que debemos oponernos demandando estudios y pruebas que demuestren lo que los promotores del proyecto afirman, y plantear por nuestra parte alternativas que sean viables y menos perjudiciales para nosotros”.

    Dentro de esas alternativas, el director de Puerto Sotogrande plantea la posibilidad de utilizar los fondeaderos ya existentes en puertos cercanos al de la Bahía de Algeciras, como Málaga o Ceuta. Además también incide en otras particularidades de la zona que deberían ser contraproducentes a la instalación de un fondeadero para 30 barcos, como que parte del litoral cercano a Sotogrande es un espacio natural protegido de especial importancia ecológica, los efectos perjudiciales del fondeadero en el ecosistema del fondo marino, o la riqueza arqueológica submarina de la zona, entre otros motivos.

    En cuanto al resto de invitados, agradecen la información directa que comparten tanto Óscar como Miguel Ángel aunque, por otra parte, no rebaja la inquietud que les genera este proyecto. “Ni siquiera conocíamos al detalle todo lo que puede generar la actividad del fondeadero y ya estábamos preocupados”, reconocen Antonio Alés por parte de Ayala, y Sergio Sánchez de la EUC Sotogrande.

    “Lo primero que se nos vino a la cabeza, más allá de las cuestiones técnicas es el impacto visual evidente que va a provocar el fondeadero. Sotogrande fue concebido en su día como un espacio abierto, de gran riqueza natural y paisajística y con esto ese modelo se va a pervertir”, explica Alés. “El turismo que acoge esta zona es muy sensible y cambios como ése puede poner en riesgo el futuro de la zona”.

    “El único entorno natural de costa virgen que nos queda, protegido incluso por la red Natura 2000, es donde precisamente quieren poner el fondeadero en frente”, señala Óscar, “el lobby que está moviendo este tema se mueve por el único interés de empresas que se dedican a dar servicio a los barcos mercantes y buscan ampliar su negocio. Pero no hay ningún beneficio para nuestra zona”.

    A la conversación también se añade Mané Carlier, hablando desde la perspectiva del RCM Sotogrande. “Tenemos un sitio único para la navegación en todo el Campo de Gibraltar y la Costa del Sol, y el resto de clubes siempre vienen a competir a nuestra zona por eso. Hay mucha diferencia entre navegar libremente o entre barcos mercantes, como pasa en Algeciras. Si esto sale adelante, nos perjudicará tanto a nuestras competiciones como en la actividad de nuestra Escuela de Vela”.

    Por otro lado, la preocupación por el futuro se extiende por toda la zona del Valle del Guadiaro, donde el trabajo diario de muchos habitantes dependen de la actividad turística y hostelera de Sotogrande, tal y como nos reconoce la concejal Belén Jiménez. “Y también mucha gente del resto del Campo de Gibraltar, porque el turismo de esta parte de nuestro municipio da trabajo a vecinos de toda la comarca. Todo lo que afecte a este sector tan estratégico para nosotros perjudicará a mucha gente”.

    “Es que corremos el riesgo de que el modelo de excelencia que siempre ha caracterizado a Sotogrande se rompa. Ha sido un modelo de éxito pero que no lo aguanta todo. Como decía antes Antonio, cualquier cambio drástico en el entorno puede afectar muchísimo”, afirma Sergio. “Lo que me sorprende en este caso es que se empeñen en llevar adelante un proyecto de este calibre sin tener en cuenta todas las características del entorno y las consecuencias que tendrá. Todo esto nos hace posicionarnos aún más en contra”.

    “Si cambia el modelo tradicional de turismo en Sotogrande por otro de más masificación seguro tampoco  gustará”, interviene Antonio. “Y siendo tan sensible como dices”, apunta Sergio, “si esto sigue adelante seguro que habrá gente que decida irse a otro sitio si ya no les gusta lo que ven aquí, porque tienen sobrada capacidad económica para ello”.

    “Por eso entiendo que a quienes están impulsando este proyecto hay que hacerles entender lo que es Sotogrande y que verdaderamente sean conscientes de todo lo que está en juego. En definitiva nos encontramos con un problema de vecindad. No discuto las necesidades que tenga quienes promueven el fondeadero, pero lo ideal será que puedan seguir conviviendo ambas actividades sin perjudicar una a la otra”, añade Antonio Alés.

    En este sentido, al ser un proyecto en el que están implicadas entidades públicas del Estado, también entra en el debate la cuestión política, en la que Sergio reconoce que el Ayuntamiento y concretamente su alcalde, Juan Carlos Ruiz Boix “está dando un buen ejemplo, porque seguro que lo sencillo para él sería callarse, pero está mostrando su oposición al proyecto en cada momento”.

    “Lo que es evidente es que para defender nuestra posición tenemos que tener argumentos. Durante todo este proceso debemos ir preparando razones de peso para confrontarlas con las de la otra parte, que no plantea alternativas, y demostrar que no puede haber más fondeaderos en la zona”, apunta Miguel Ángel demostrando que, por parte de la comunidad local y sus representantes, aún queda mucho por decir ante este polémico proyecto.

     

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