Mujeres empresarias, el éxito de la libertad profesional

    En un mes marcado por la igualdad de género, debatimos con mujeres sobre las vicisitudes de emprender, valorando una forma de vida en la que priman las inquietudes por encima de la estabilidad

    Por Reyes Seijas · Fotos Doro Jr.

    Después de dos ediciones sin poder llevar a cabo los encuentros debido a los cambios de planes que nos viene planteando la pandemia, retomamos la sección. Como siempre, el objetivo consiste en dar cabida a un diálogo y a un intercambio de opiniones que nos ayuden no solo a crecer, sino a valorar, entender y buscar conclusiones enriquecedoras para todos los sectores y agentes que construyen el tejido empresarial actual. 

    Y como parte de esa actualidad y de esa realidad, SGplus ha puesto esta vez el foco en las mujeres empresarias y ha dado cita a una representación de ellas para conocer sus circunstancias, por qué decidieron embarcarse un día, cuáles han sido o son los principales obstáculos encontrados en el camino, a qué han tenido que renunciar y cuál es su situación ahora. En un mes marcado por ese día simbólico en el que se proclama la necesidad de igualdad real entre hombres y mujeres en pro de una libertad personal y profesional, han estado con nosotras Raquel Reviriego (Woodstock), Alicia de Bievre (d´Alicia), Lourdes Juanis (Cotantic) y Ana Verdugo (L´essenza). 

    Uno de los aspectos más singulares de este encuentro ha sido que sin venir exactamente del sector por el que un día decidieron apostar, estas mujeres hoy se reafirman en la satisfacción que les ha concedido su actual actividad profesional. Abogadas, economistas o licenciadas en Geografía e Historia…todas cambiaron el rumbo de sus carreras anteponiendo una inquietud personal que les permitieran llevar el ritmo de vida que deseaban, en el entorno elegido y, sobre todo, sentirse realizadas y crecer profesionalmente. 

    En el caso de Alicia de Bievre, que se formó en Bélgica explicaba: “tuve clarísimo que no quería pasarme la vida de funcionaria europea ganando mucho dinero, pero no viviendo. Me quise venir al sur y probé varios trabajos. Mi experiencia como mujer trabajando en el mundo empresarial en Bélgica me ha hecho ver que hay mucha política y tienes que luchar contra eso. Si voy a tener un jefe, necesito que me aporte algo”.

    Por su parte Raquel Reviriego, abogada y tras la experiencia de ejercer en Madrid y posteriormente haber emprendido en el sur varios negocios, basa su decisión en “la necesidad personal de estar de otra forma en el planeta, porque siempre he sido muy rebelde y nunca me ha gustado tener jefes ni depender de nadie. Me ha gustado tener mi propio estilo de vida y que nadie me dijera lo que tenía que hacer”. Y, en la línea de lo que decía Alicia, Reviriego considera que “una mujer para desarrollarse plenamente es muy difícil si está asalariada. Porque tristemente tiene muchos más obstáculos que un hombre para llegar a puestos de responsabilidad. Es tan complicado llegar…y si llegas, tienes que renunciar a tanto. Mujeres como nosotras con inquietudes, que queremos vivir la vida, hacer cosas que nos gustan, de no estar atadas, de poder tener hijos cuando nos da la gana… la única salida que tenemos es emprender”. 

    Lorudes Juanis también coincidía al decir que “la mujer lo tiene un poco más complicado que el hombre a todos los niveles”. Ella estuvo veinte años trabajando como economista en el extranjero y contaba que a pesar de haber tenido experiencias muy gratificantes, un día decidió “que no quería estar metida en una oficina, que quería hacer algo diferente y que fuese realmente mío. Noté una pequeña crisis y me planteé que quería hacer algo más creativo y añadido a otras circunstancias, decidimos volver a España”.

    Ana Verdugo reconoce estar convencida de haber tenido siempre “madera de empresaria”. Y tras finalizar sus estudios de Geografía e Historia, formarse en el sector de la belleza y adquirir experiencia profesional, decidió aprovechar una coyuntura para, junto a su socia Marta, emprender. “Siempre hay que aprovechar las oportunidades y no hay que mirar si es momento de crisis, porque si no, nunca ves el momento”.

    Y ya como empresarias, todas coinciden en la escasez de ayudas. Para ellas una vez en el camino, las dificultades a las que se enfrentan a diario hombres y mujeres son las mismas. Aunque en este sentido, Raquel sí quiso recordar que “la mujer sigue teniendo obstáculos sea emprendedora o sea asalariada”, y ponía de ejemplo las circunstancias que se siguen dando a la hora de afrontar la maternidad. 

    Digitalización

    Lourdes Juanis abrió la veda para hablar de la digitalización precipitada que ha provocado la pandemia. La necesidad de inversión tanto económica como en conocimiento en este área se planteó como línea de pensamiento general. 

    “Ha cambiado el sitio donde tienes que invertir. La modernización no es solo la digitalización, sino cambiar el modelo de negocio. Ahora la modernización de los negocios pasa por las redes sociales”, comentaba Raquel en un momento de la conversación. En su caso, le ha revertido en éxito de ventas. 

    Sin embargo Alicia, en el sector de la hostelería no ha pasado por la misma experiencia y a pesar de invertir, no considera que la digitalización le haya repercutido directamente a un aumento de ventas. “Mi experiencia personal es que yo tengo que invertir en redes sociales, pero eso realmente no me repercute en venta. Repercute en el sentido de que si no estás, desapareces”. 

    Y Ana dejó la puerta abierta a otro punto de vista al decir que “la repercusión hay que verla a corto y a largo plazo. Lo que sucede es que en marzo del año pasado nos mandaron para casa y el cambio no ha sido tan progresivo y los que no estaban online, nos hemos puesto a pensar. Evidentemente cada sector se tiene que adaptar a lo suyo”.

    A qué se renuncia

    Un punto en el que todas las invitadas coincidieron. “Siempre se renuncia a algo, porque en el momento que eliges una cosa no estás eligiendo otra. Pero merece la pena totalmente. Tener un negocio te quita horas de sueño, pero te da también mucha vida. Tener un proyecto hace que el valor que estás aportando, compensa quizás el sueldo”, decía Ana. Lourdes incidía en que “emprender es complicado y aunque ganas libertad, una forma de vida que tú elijes, que adaptas tus horarios y tus necesidades, renuncias a la estabilidad”. En este sentido Raquel comentaba: “llevamos años sin coger vacaciones en verano. No desconectas. Es duro de cara a tus hijos, pero también lo compenso con otras cosas”. Y Alicia cerraba esta cuestión  explicando que “cuando las cosas han ido mal, mi único consuelo ha sido ver la cantidad de familias  -entre 20 y 25- que viven del negocio”. 

    Qué caracteriza Sotogrande

    Una de las claves de cualquier negocio consiste en ofrecer aquello que necesita o quiere consumir un determinado sector. Para ello es primordial estudiar o conocer el terreno en que te mueves. Porque, como decía Raquel, “no sirve tener un negocio y estar simplemente en Sotogrande. Aquí si no das calidad, un buen servicio y no tratas bien a las personas, te hundes. Esto para nosotros era una garantís de éxito si lo hacíamos bien, porque sabíamos que teníamos un producto de calidad y además teníamos el acceso a mucha gente”. 

    Ana venía con la experiencia del Hotel Almenara y sabía que el enfoque de su negocio encajaba en Sotogrande, aunque reconoce haber necesitado tiempo para atraer a esa clientela que tenía que cambiar los tratamientos en el spa por los de su centro.

    Alicia hacía su aportación al respecto, comentando su apreciación sobre que se trata de “un mercado muy especial porque estamos en un lugar de baja densidad de población” y la especialización es más complicada. 

    Lourdes, llegada hace un año después de veinte fuera y coincidiendo con la pandemia, considera que se trata de “un mercado complicado, que busca atención, personalización y, sobre todo, un buen servicio y una buena calidad”. 

    Tras esta línea de conversación, la mañana de encuentros compartida con estas cuatro mujeres empresarias y con negocios en Sotogrande se cerró con la conclusión generalizada de que el éxito no está reñido al cien por cien con lo económico. Aunando sus palabras, el éxito consiste en sentir que estás haciendo un buen trabajo, ofreciendo un buen producto o servicio; poder vivir de lo que te gusta y sintiéndote realizado; percibir la satisfacción del cliente; y aportar tu valor en todas las facetas de tu vida. 

    Raquel Reviriego (Woodstock)
    Ana Verdugo (L’essenza)
    Alicia de Bievre (d’Alicia)
    Lourdes Juanis (Cotantic)