TOMOYUKI HOTTA

Tierra de talentos

La cultura es en gran medida la responsable de otorgar identidad a una comunidad y por ende, necesario incidir en la importancia de su socialización, divulgación, apoyo y acceso a todos los niveles

Por Reyes Seijas · Cedidas/Tomoyuki Hotta

Por el patrimonio forjado bajo la habilidad, la dedicación, el estudio y la entrega de aquellos que decidieron dedicar su vida contribuyendo con su trabajo en cualquiera de las disciplinas artísticas y creativas; hoy les rendimos homenaje y seguimos alimentando el componente cultural de cara a la base activa de generaciones futuras. 

A pesar de las vicisitudes vividas a lo largo de los años a tenor de la evolución como sociedad, del desarrollo en infraestructuras y de periodos políticos; en la actualidad podemos afirmar a boca llena que el panorama cultural en el Campo de Gibraltar difiere bastante del que había hace algunas décadas. 

En la música, en la danza, en el cine o el teatro, en la pintura, en la escultura, en las artes plásticas, en la literatura… en todas y en cada una de las ramificaciones del gran árbol cultural, la comarca ha dado y sigue dando nombres que suenan dentro y fuera de nuestra área geográfica. Artistas que con su trabajo y dedicación no solo han contribuido al engrandecimiento de nuestro sello cultural, sino que la han externalizado y hoy sus obras, su música, sus piezas literarias…y en definitiva, nuestra identidad es compartida, disfrutada, valorada y reconocida más allá de nuestras fronteras. 

Unos ya no están y con otros tenemos la suerte de convivir. Iconos de nuestro acervo cultural a los que rendimos homenaje constante a través de nuestros museos, teatros, galerías, congresos, festivales, bustos que engalanan nuestras calles, etc. Paco de Lucía, Cruz Herrera, Ortega Brú, Juan Luis Galiardo, Carlos Pacheco, David Morales… La lista de nombres da para rato y con seguridad seguiríamos dejando a muchos sin nombrar. Ayer y hoy la paleta artística nacida o desarrollada en la comarca, a la que ahora más que nunca se suman nuevas vertientes creativas de la digitalización o el arte urbano, siguen engrandeciendo nuestro patrimonio. 

En este sentido es de recibo sacar dos lanzas. Una a favor y reconocimiento del amplio tejido asociativo, que con el paso de los años se ha forjado en los diferentes municipios de la mano del ciudadano que se implica y sabe valorar la importancia de la contribución personal en este sector. Y por otro lado, al trabajo y aval que sustentan las delegaciones de cada ayuntamiento a la hora de organizar, respaldar y dar cabida tanto en agenda como en infraestructuras a un amplio programa cultural que se renueva cada temporada. 

Un simple repaso a la actividad del último año y del que iniciamos deja clara muestra de todo lo que se viene y se seguirá haciendo en cada uno de los municipios, a pesar de las barreras a las que nos hemos visto sometidos por la pandemia. La insaciable sed cultural vuelve a llenar las butacas de teatros como el Florida de Algeciras, el Juan Luis Galiardo en San Roque o el recientemente reabierto La Velada en La Línea o del Palacio de Congresos con jornadas literarias o de historia, obras de teatro y actuaciones musicales para todos los gustos y edades. Los certámenes  siguen alimentando el alma creativa de los ciudadanos y poniendo en valor el trabajo de nuevas creaciones con citas como Regalarte, `San Roque Ciudad del Cómic´, el Festival Internacional del Cortometraje, festivales flamencos, Algeciras Fastástika, concursos de relatos, de fotografía… entre tantas y tantas actividades promovidas por las delegaciones municipales, por asociaciones como Alcultura de Algeciras,  la Casa de la Cultura de Tarifa o La Línea, el Museo Cruz Herrera, las galerías Ortega Brú o Manolo Alés, entre otras. 

Como fuente inagotable, la actividad cultural sigue viva y creciendo en la comarca, basada en la mera contribución de generar movimiento que sirva de su propio sustento, así como con fines sociales, solidarios o educativos, con la implicación desde los centros escolares del Campo de Gibraltar o el Instituto de Estudios Campogibraltareños.

El ejemplo más inmediato lo tenemos en la propia comunidad de Sotogrande, donde la vigencia de la Asociación Cultural, la actividad expositiva en distintos clubes y espacios en la urbanización o la conjunción de gastronomía y música en directo, sirven de aliento para volver  dar vida a zonas “olvidadas” de la mano de asociaciones emergentes. 

Si algo bueno está dejando la pandemia es que ahora, más que nunca, el arte y la cultura han sobrepasado las paredes y cada vez podemos disfrutarlo más a pie de calle. La cultura ha demostrado ser un elemento  que contribuye con una economía del conocimiento, es manifiestamente factor de cohesión social, de identidad, base para el pluralismo y la calidad de vida. 

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