Tres chefs, tres estilos y un mismo destino, Sotogrande, donde cada vez más, la variedad y calidad de su oferta gastronómica se consolida como otro valor añadido a su larga lista de atractivos para el visitante
En Sotogrande, la gastronomía vive un momento de creatividad y consolidación que hemos querido comentar en nuestros Encuentros de SGplus. Para ello, reunimos en torno a nuestra mesa habitual en Fresco Marina a tres chefs nacionales, de generaciones y orígenes distintos, que han llevado a sus restaurantes a ocupar un lugar propio en el mapa culinario local: Leandro Caballero, del restaurante Cortijo Santa María 1962 en el resort SO/ Sotogrande; Guillermo Collado, de Fresco Marina; y Alberto Sarmiento, al mando de Ancala, en The Beach de La Reserva Club.
Cada uno con un estilo único y un proyecto diferente en sus manos, los tres coinciden en un punto: sus restaurantes, gracias a la calidad de sus respectivas propuestas gastronómicas y al esfuerzo constante, han logrado consolidarse en las últimas temporadas como referentes de la oferta gastronómica de la zona.
“Ése era nuestro objetivo desde el principio”, comienza Guillermo Collado, “y no era fácil, teniendo en cuenta que abríamos justo al lado de otros restaurantes ya muy conocidos en la zona. La oferta gastronómica de la Marina de Sotogrande está creciendo constantemente, y con mucha variedad, con lo que nuestro objetivo en estos tres años era el de consolidarnos y creo que, con el esfuerzo de todos, lo hemos cumplido’. Antes los clientes venían a Foodisiac y luego nos descubrían a nosotros, pero ahora mucha viene directamente a Fresco Marina, a disfrutar de lo que ofrecemos”.
“Por la Marina pasa mucha gente al cabo del año y eso siempre es un punto favorable, aunque por supuesto tienes que hacerlo muy bien, porque por aquí hemos visto otros restaurantes que han pasado y no han sabido consolidarse como han hecho ellos”, interviene Leandro Caballero, que señala la ubicación de Fresco Marina como una de sus grandes diferencias con respecto al resto de invitados en la mesa.
“En mi caso con Cortijo y al igual que con Ancala es diferente por el desplazamiento que tiene que hacer el cliente, y además el restaurante de Alberto es muy estacional. Yo al menos tengo más rotación de clientes con el hotel, pero aunque nos encanta que se queden cada noche con nosotros, también les aconsejamos que vayan a conocer la gran variedad de restaurantes que tiene esta zona”.
Una variedad que, sin embargo, a juicio de Leandro, también dificulta que Sotogrande sea conocido por un único producto o estilo estrella. “Por eso digo que Sotogrande aún no tiene un destino gastronómico claramente definido, porque el cliente no suele venir a disfrutar de algo concreto”
“Es que aquí la diversidad de público nos obliga a tener mucha variedad de oferta. En Sotogrande debemos tener de todo para atender las preferencias de un público tan internacional”, apunta Alberto Sarmiento. “Con tanta variedad es más difícil alcanzar una seña de identidad clara, como otros destinos”, añade coincidiendo con Leandro.
En este sentido, el coloquio deriva rápidamente hacia la innovación y los menús diferenciadores como un valor fundamental para atraer al cliente. Collado subraya la importancia de ofrecer experiencias más allá de la cocina diaria: “No solo es calidad en la cocina, también es imaginación, inventiva… talleres gastronómicos, menús especiales, maridajes. Eso engancha al público”.
En cuanto a valores diferenciadores, tanto Leandro como Alberto Sarmiento coinciden en señalar la reciente apuesta de Ancala por especializarse en arroces como un gran ejemplo. “No es porque lo tenga delante, pero aquí en Sotogrande no encuentras un sitio mejor que Ancala para el arroz”, apunta Leandro sobre el restaurante que dirige Alberto. “Y al final eso la gente lo reconoce. Si Ancala se consolida especializándose en arroces, y yo en Cortijo lanzo un menú andaluz con un estilo que el cliente sepa reconocer, entonces sí estaríamos hablando de ir avanzando hacia una identidad propia como destino”.
“En Ancala siempre tuvimos arroces, pero no con el protagonismo de ahora. Pasamos de ofrecer los clásicos a innovar ahora con el arroz Nikkei o el de Vieira con Mantequilla Café Paris. Esto era algo impensable hace tres años, pero el cliente lo está sabiendo reconocer y están teniendo mucho éxito”, explica Alberto. “Y además es cierto que el arroz se está poniendo de moda. La gente se está dando cuenta que el arroz no es sólo para comer un domingo, puedes disfrutarlo cualquier día de la semana”.
Con tres chefs y restaurantes diferentes, surge el tema de la competencia, que Leandro zanja por su parte de inmediato. “Para mí… la gastronomía es humildad. Al final, lo bonito es transmitirnos lo que hacemos mutuamente. ¿Por qué voy a competir con otro chef? Lo bonito es que él tenga su sello, yo el mío, y Guillermo el suyo. Ésa es la verdadera competencia: aprender y crecer juntos”.
Alberto añade: “Lo que vives termina siendo fundamental en tu cocina”, destacando trayectoria y la experiencia vital como un factor esencial, así como el aprendizaje continuo. “Y cuanto más enseñamos, mejor nos liberamos para dedicarnos al trabajo”, recuerda Sarmiento, ante el asentimiento de Guillermo, que trabajó a sus órdenes en Marbella en sus inicios entre fogones. Leandro, por su parte, evoca una frase de un maestro como Arzak: “Tiene que haber cocineros de venta, cocineros de carretera… y cocineros de estrella Michelin, pero ninguno es más que otro”.
El impacto de los grandes chefs y la visita de cocineros de prestigio también ha servido para elevar la gastronomía local, destacando en esta parte del coloquio tanto experiencias como las cenas con Estrellas Michelin en The Beach y en Cortijo, como los menús internacionales a cuatro manos que está organizando Fresco Marina. “Viene gente de México, de Japón, de otras partes de España, y se llevan la experiencia de Sotogrande”, comenta Collado, mientras que Leandro destaca la gran aportación que realiza Nico Isnard a la cocina de Cortijo, colaborando con los menús especiales de temporada.
En cuanto a la cocina, el producto local y de temporada aparece como un denominador común en la conversación. Caballero destaca, por ejemplo, el potencial del atún de Barbate: “Tenemos un pedazo de producto que es el atún, y aquí en Sotogrande podemos especializarnos más en él”. Collado amplía la reflexión: “Estamos en una tierra… setas, caza, atún… queso… lo tenemos todo. Y es de kilómetro cero”. Sarmiento subraya la oportunidad que supone apostar por esa cercanía: “Los españoles tenemos una cultura gastronómica que debemos defender y poner en valor lo nuestro. No necesitamos importar de fuera productos de gran calidad que ya tenemos aquí”.
“Hay quien viene de fuera a reinventar la rueda, pero nosotros debemos aprovechar lo que tenemos aquí”, apunta también Leandro en ese sentido. No obstante, todos reconocen que la integración de productos locales y técnicas de otros lugares permite ofrecer una experiencia gastronómica completa al cliente sin perder la identidad. “Una buena gyoza casera es espectacular, pero si empieza a ser congelada por vender más, te prostituyes a ti mismo”, continúa Leandro. “La calidad es la clave. Y ya que hay que ofrecer un poquito de todo: cocina tradicional, tapas, arroces, pescado… que sea todo de calidad. A nivel gastronómico Sotogrande ha evolucionado hacia un destino de mucha calidad, y eso se nota”.
Finalmente, los tres coinciden en que, a falta de un producto o estilo concreto como referente, Sotogrande sí que ha alcanzado un punto de madurez gastronómica en base precisamente a ese gran nivel de calidad, convirtiéndose en un destino que ofrece contenido, experiencias y calidad ya durante todo el año. Un éxito para el que nuestros tres invitados han contribuido decisiva y directamente desde sus respectivas cocinas.
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