Por: Fermín Oncala
La llegada a la escuela infantil supone un importante cambio en la rutina de los niños de 0 a 3 años y, en muchos casos, también un momento de preocupación para sus familias. Los primeros días pueden estar acompañados de llantos, pataletas o dificultades para adaptarse, reacciones que, según explica el jefe de Pediatría del Hospital Quirónsalud Campo de Gibraltar, el doctor José Luis Díaz, son frecuentes y forman parte del proceso de adaptación.
El especialista señala que la escuela infantil ofrece a los pequeños importantes oportunidades para desarrollar sus habilidades sociales y emocionales, al aprender progresivamente a compartir espacios, esperar turnos, comunicarse, expresar emociones, imitar conductas y resolver pequeños conflictos.
El llanto durante las primeras entradas al centro, explica Díaz, responde habitualmente a la inseguridad que genera un cambio en el entorno conocido. La separación de las figuras adultas de referencia, la llegada a un espacio nuevo, otras personas, horarios y rutinas diferentes pueden provocar rechazo o angustia. Por ello, recomienda que las despedidas sean breves, afectuosas y claras, explicando al niño que los adultos se marchan y que volverán a recogerlo. No aconseja prolongar el momento ni marcharse a escondidas para evitar el llanto.
Además, recuerda que los pequeños perciben el estado emocional de sus padres, por lo que afrontar la separación con tranquilidad puede ayudar también a que ellos vivan el proceso con mayor seguridad.
El periodo de adaptación no tiene una duración determinada. Mientras algunos niños se acostumbran al nuevo entorno en pocos días, otros pueden necesitar varias semanas. Incluso es posible que un menor se adapte inicialmente bien y experimente posteriormente algún momento de mayor dificultad.
Ante esta situación, el pediatra aconseja evitar convertir cada mañana en un momento dramático y no interrogar constantemente al niño sobre si ha llorado o se ha encontrado mal. Es preferible interesarse por su día de manera positiva y reforzar los pequeños avances.
La adaptación puede facilitarse antes incluso de comenzar la escuela infantil, estableciendo horarios similares a los que tendrá en el centro y explicándole con naturalidad qué ocurrirá. También resulta fundamental mantener una comunicación fluida con los educadores y compartir con ellos información sobre sus rutinas, sueño, alimentación y aquello que suele ayudarle a tranquilizarse.
El doctor Díaz insiste además en que cada niño tiene su propio ritmo de desarrollo. Dos menores de la misma edad pueden presentar capacidades diferentes y encontrarse ambos dentro de la normalidad. En esta etapa tampoco debe esperarse necesariamente que establezcan amistades como las entienden los adultos: el juego paralelo es completamente habitual.
La alimentación es otra de las cuestiones que puede verse afectada durante los primeros días. El rechazo a comer puede ser frecuente durante la adaptación, ya que el niño puede encontrarse nervioso, cansado o incómodo en un entorno diferente al de casa. La recomendación es no convertir la comida en una batalla, respetar las señales de hambre y saciedad y dar tiempo al pequeño para acostumbrarse.
Si el rechazo se prolonga, es muy selectivo o aparece acompañado de pérdida de peso, problemas de crecimiento, vómitos, atragantamientos u otros síntomas, será conveniente consultar con el pediatra.
En el caso de las alergias alimentarias, el especialista subraya la importancia de comunicarlas al centro desde el primer momento y aportar la documentación médica cuando exista un diagnóstico. También deben notificarse las intolerancias, diferenciándolas de las alergias, ya que las medidas necesarias pueden ser distintas.
Otro cambio habitual con el inicio de la escolarización es el aumento de las infecciones respiratorias y gastrointestinales. El contacto con otros niños supone una mayor exposición a virus y, según el pediatra, forma parte de lo esperable en esta etapa y no implica necesariamente que exista un problema de defensas.
La higiene de manos, la ventilación de los espacios, la limpieza de superficies y juguetes y mantener al niño en casa cuando padece una enfermedad contagiosa pueden ayudar a reducir los contagios. También resulta fundamental mantener actualizado el calendario de vacunación.
Aunque la adaptación puede presentar momentos de dificultad, existen determinadas situaciones que requieren una valoración profesional. Entre ellas se encuentran la pérdida de habilidades que el niño ya había adquirido, regresiones del lenguaje, una respuesta muy limitada hacia las personas, escaso contacto social o dificultades persistentes e importantes para comunicarse.
También deben vigilarse cambios mantenidos en el comportamiento tras comenzar la guardería, como alteraciones marcadas del sueño o la alimentación, miedo intenso que no mejora con el tiempo o un malestar que interfiera de forma clara en la vida cotidiana.
En cuanto a las enfermedades habituales de esta etapa, el doctor Díaz recomienda consultar ante signos de alarma como dificultad para respirar, decaimiento importante, deshidratación, mal estado general o fiebre mantenida durante más de tres días, así como ante cualquier situación que genere preocupación a la familia.
El inicio de la escuela infantil supone, por tanto, un proceso de aprendizaje también para las familias. Con acompañamiento, coordinación con los educadores y respetando el ritmo de cada niño, esta nueva etapa puede convertirse en una oportunidad para favorecer su autonomía y fortalecer sus capacidades sociales y emocionales.

