El actual CEO de Holmes Sotogrande Property Sales, la agencia inmobiliaria decana de Sotogrande, nos detalla su especial cariño por la tierra que lo ha visto crecer y cuyas virtudes sigue explicando a sus clientes ahora desde el negocio inmobiliario que fundaron sus padres

Nuestro ‘Café con…’ de este mes nos lleva a las oficinas de Holmes Sotogrande Property Sales, la inmobiliaria más antigua de Sotogrande, aunque adaptada perfectamente a los nuevos tiempos gracias al impulso constante de nuestro protagonista, su CEO Ben Bateman, que tomó hace unos años el relevo como la segunda generación de su familia al frente de la empresa.

Lo primero que surge en nuestra conversación es el evidente cariño que Ben siente por Sotogrande, el lugar donde se asentó con sus padres hace más de 40 años, y donde él ha fijado su residencia definitivamente.

Nacido en Ipswich, capital del condado británico de Suffolk, Ben se traslada a Sotogrande con su familia a muy corta edad, con lo que más allá de algún recuerdo de un accidente casero con un columpio (del que aún conserva una cicatriz en el entrecejo), su infancia siempre ha estado vinculada a Sotogrande, lugar que considera su hogar.

Y de ahí esa dualidad que el propio Ben nos refiere en el titular de la entrevista, sin obviar nunca de las raíces británicas que evidencian su apellido y su acento, Ben se considera un inglés de Sotogrande.

“Hasta que no tuve los 18 ó 20 años, siempre que alguien me preguntaba –Ben, de dónde eres-, la verdad es que me costaba responder de forma concreta. Decía que era inglés, pero que vivía en España y tenía que explicar dónde, porque había gente que se sorprendía cuando les decía que vivía en un lugar que ellos conocían sólo como destino vacacional”, nos explica Ben. “Desde entonces lo tengo muy claro. Soy inglés, pero también de Sotogrande. He tenido la suerte de que éste ha sido mi hogar de toda la vida”.

Su primer colegio fue el SIS de Sotogrande, donde ya coincidió con compañeros españoles y también extranjeros afincados en la zona. “Actualmente en el colegio hay unas 48 nacionalidades diferentes: ingleses, daneses, holandeses, españoles, australianos, rusos, belgas, sudafricanos, ucranianos… Y así ha sido desde el principio. Eso es parte de la magia que tiene Sotogrande, y no sólo verlo o entenderlo, sino vivirlo y disfrutarlo personalmente ha sido un privilegio”.

La suya ha sido una familia siempre dedicada al mundo empresarial, desde un negocio de viajes en Reino Unido desde el que ya vendían vacaciones de golf en Sotogrande a finales de los años 70 del siglo pasado, hasta una empresa de gestión y mantenimiento del bello complejo Casas Cortijo, ubicado junto a lo que es hoy el RC Valderrama, y donde la familia Bateman compró un apartamento. Allí los Bateman terminaron fijando su residencia en 1982, cumpliendo ya por tanto más de 40 años de vida y actividad continuada en Sotogrande.

Ése fue el germen de lo que posteriormente fue Holmes Sotogrande Property Sales, que se estableció definitivamente en 1985 como inmobiliaria especializada en la venta de propiedades con los padres de Ben, Ian y Jackie Bateman y sus socios, el recordado Miguel Preysler y su esposa Amparo. Y ése ha sido el ambiente en el que se crió nuestro protagonista, con el mundo de la empresa y el emprendimiento arraigado en el día a día de su entorno familiar. Por eso no es de extrañar que, aunque Ben completase una carrera científica en la universidad, muy pronto comprendió que, por mucho que le gustase, ésa no iba a ser su vocación final en su vida profesional.

“Soy un apasionado de la Microbiología, pero al final del primer trimestre ya me di cuenta que no ejercería toda mi vida en esa rama”, reconoce. “No obstante, tras la universidad en Inglaterra me quedé allí trabajando y no tenía intención de volver a Sotogrande salvo por vacaciones, pero mi padre sí me insistía en que regresara y entrase en el negocio familiar, donde había mucho trabajo en esos momentos”.

Al final, una mañana helada y lluviosa, mientras esperaba el autobús, y cansado de la rutina que llevaba en Inglaterra, decide volver. “Entré en la oficina de mi jefe y dije –me voy- sin dudarlo. Eso fue el 14 de abril en 2002, llegué a Sotogrande una semana después y me incorporé el 1 de junio a la inmobiliaria. Y hasta hoy”.

Tal y como nos sigue contando Ben, rápidamente se vio cómodo en su nueva función en la empresa familiar. “Recordaba todas las casas, sus características, el historial de compra y venta de cada una, los metros, los arquitectos… porque eso es lo que había vivido siempre en el salón de casa con mis padres, hablando del negocio familiar cada día”.

Con el tiempo, y tras la jubilación de sus padres y sus socios, Ben se queda al frente de Holmes, con la responsabilidad de mantener su legado. “Mi padre y Miguel crearon Holmes con la filosofía de hacer siempre las cosas de forma correcta, y nunca pretendiendo aprovecharse de un cliente. No era una norma escrita, sino fruto de su forma de ser, y así he querido seguir yo desde entonces. Afortunadamente puedo decir que cuando mi padre se jubiló en 2013 lo hizo con la tranquilidad de que su empresa y sus empleados seguirían adelante”.

Siguiendo esa guía, su aprecio por Sotogrande le sirve a Ben para disfrutar de su trabajo diario y a la vez mostrar las ventajas de la zona a sus clientes con la máxima credibilidad y confianza. “Los clientes siguen buscando lo mismo de Sotogrande desde hace 60 años. Creo que la magia que trajo a la gente aquí durante los años 70, 80, 90 y 2000 del siglo pasado es la misma hoy. Sotogrande se ha mantenido fiel a su visión inicial y sigue siendo atractivo hoy en día porque ha conservado con el paso de los años la misma esencia original”.

Para ello Ben considera fundamental que tanto los promotores urbanísticos como los vecinos que se han ido incorporando cada año hayan sabido adaptarse a ese estilo de vida, ya que para él Sotogrande no ha cambiado, sino evolucionado a mejor con el paso de los años. “Ya seas de cualquier parte del mundo. Si buscas en el mapa un sitio con buen clima, conexiones internacionales, buenas instalaciones de golf y otros deportes, playa… ¿dónde lo encuentras? En Sotogrande, sin duda”.

La agradable charla con el propietario de Holmes continúa con otras experiencias de las que ha sacado importantes lecciones en su vida, como su recorrido en solitario por varios países de Sudamérica durante un año cuando cumplió la mayoría de edad. “Ahí aprendí lo importante de acostarse por las noches con una sonrisa y levantase por la mañana con otra. Si vives así, no te equivocas”.

Y para esa filosofía de vida basada en la felicidad diaria, Ben no concibe otro lugar mejor que Sotogrande, donde ha terminado formando una familia numerosa con su mujer, Kristina. “Nada podría compensarme lo suficiente para irme de aquí. También me encanta Bristol, donde estudié y sigo manteniendo muy buenos amigos, pero yo sólo saldré de Sotogrande en una caja” responde con una contundente sonrisa, mostrando una vez más, su enorme cariño por esta tierra.