Charles Gubbins: “En Sotogrande encontré mi lugar en el mundo”

    En las oficinas de Noll&Partners disfrutamos de un café con Charles Gubbins, conocido vecino y empresario de Sotogrande, con el que repasamos su trayectoria por 14 países y cuatro continentes hasta asentarse en la que ya considera su tierra.

    Su porte irlandés y sus profundos ojos azules destacan en la primera impresión de Charles Gubbins mientras nos recibe en su oficina. Sin embargo, a su imagen de seriedad y profesionalidad, labrada tras décadas de experiencia, se añade pronto la cordialidad y simpatía de un hombre que, con 64 años y tras haber trabajado al más alto nivel por medio mundo, disfruta de la vida donde ha elegido vivirla. Ahí es cuando Charles Gubbins da paso, como él mismo se define, a Charlie de Sotogrande.

    Nacido en Nicaragüa de un irlandés nacido en Chile y una nicaragüense de ascendencia andaluza, el trabajo de su padre como empleado de banca en Sudamérica le llevó a vivir su infancia entre Trinidad y Tobago, Venezuela y Chile hasta que con 14 años se instalan en Inglaterra, donde inicia su formación en marketing internacional.

    Su primer trabajo en el sector del tabaco le lleva a África. “Estuve en Benin, Togo y Senegal tres años. Y tras un año como brand manager de SilkCut en Inglaterra me mandaron a Arabia Saudí. De ahí, en 1989, a Madrid, yendo a Ibiza, Mallorca y Canarias”. Tras su paso por España se instala en Irlanda, donde cambia de Gallaher a Rothmans, asumiendo la dirección general de la división del Pacífico desde Nueva Zelanda.

    En 1999, con la fusión de Rothmans con BTA pierde su empleo a cambio de una importante indemnización con la que compra su primer piso en Sotogrande. Aunque su primera visita fue mucho antes, en 1976, durante una aventura de juventud con compañeros gibraltareños de la universidad. “Me invitaron a pasar el verano con ellos y nos las arreglábamos para cruzar a La Línea. Así descubrí Sotogrande”.

    Tras Rothmans, llegó una breve experiencia en las dot.com. “Esas empresas buscaban profesionales con experiencia para formar equipos con chicos más jóvenes. Pero después de seis meses me dije que no podía seguir durmiendo debajo de un escritorio rodeado de cajas de pizza con esos muchachos, con lo que volví a lo que sabía, las multinacionales, y me fui a Reckitt Benckiser”, propietaria de marcas tan conocidas como Air Wick, Nurofen, Colon, Calgon o Durex.

    De vuelta a África, dirige desde Kenia la actividad en 14 países. “Pero yo quería volver a latinoamérica, y a los tres años me trasladé a Caracas, pero llegué justo el día que entró Chaves y terminamos moviéndonos a Colombia, donde estuve hasta 2005”.

    Allí sufre la inseguridad y el asesinato de un empleado muy cercano lo que, junto a otros motivos, hacen que Charlie se replantee todo. “También abandoné esa vida porque en Londres imponían un ratio entre el número de trabajadores y la producción, y si no cuadraba compraban nuevas máquinas sin importarles dejar sin trabajo a cien empleados que sustentaban a sus familias. Eso me afectó mucho, me miraba al espejo y me decía <<esto no está bien>>”.

    Con 45 años se instala definitivamente en Sotogrande, donde conoce a Stephanie Noll, su compañera de vida y, posteriormente, también en los negocios. Al tiempo, termina entrando en el sector inmobiliario de alto nivel con Stephanie, aportando sus conocimientos y experiencia pero sin la presión de antaño, y disfrutando de un lugar que ya considera propio. “Tras haber vivido en 14 países, te puedo decir que soy de Sotogrande. Vivo aquí, es donde pertenezco y para mí es algo superimportante también ante los clientes. No le voy a hacer la trampa a quien va a convertirse en mi vecino. En estos años no hay nadie a quien no pueda mirar a la cara y muchos clientes se han terminado convirtiendo en amigos”.

    Desde 1999, Charlie ha sido testigo del crecimiento de Sotogrande, que considera “un paraíso físico porque el clima es buenísimo, pero también un paraíso para las familias por su tranquilidad y seguridad. Hay gente con mucho dinero para irse a cualquier sitio del mundo pero eligen Sotogrande por esto”.

    “El futuro de Sotogrande es extremadamente bueno, lo tengo clarísimo”, señala Gubbins.” Con la pandemia mucha gente ha aprendido que una forma de protegerse es vivir en una zona de baja densidad de población y con un jardín grande. Tras el COVID se han comprado casas hasta por teléfono. Quien vivía en un piso quería un ático, quien tenía un ático, un adosado, y el que vivía en un adosado ha buscado una villa”.

    Al pedirle que elija sus mejores momentos en Sotogrande, Charlie tiene claro que “uno de ellos es conocer a Stephanie, pero el resto sería la suma de muchos. En definitiva, aquí encontré mi lugar, donde echar raíces que nunca había tenido. Cuando vengo de Marbella, al ver Sotogrande siento la sensación de llegar por fin a casa”.