“El tenis me educó, me abrió la mente a otra forma de pensar”

    Una trayectoria ligada al deporte y a Sotogrande, donde desde 1997 Manolo Crespo conduce el club de pádel y tenis que tantas satisfacciones le ha dado tanto a él como a diferentes generaciones de residentes

    Por Reyes Seijas · Fotos SGplus

    Al echar la vista atrás la mayoría de las personas revive en su interior situaciones, sentimientos, conversaciones e incluso decisiones que han marcado el transcurso de sus vidas. Un gesto rápido en el que se resumen los hitos de un camino recorrido. Para algunos, como en el caso de quien protagoniza en esta edición nuestra habitual sección de Un café con… ese recorrido mental por la carrera de fondo de la vida, no solo forma parte de una historia personal sino de la de muchas familias que a día de hoy constituyen parte de la historia de Sotogrande.

    La profesionalidad y dedicación plena a la docencia del pádel y el tenis, pero sobre todo su carisma, naturalidad y pasión por el deporte han establecido las bases de toda su trayectoria. Manolo Crespo no solo es el gerente del mítico Sotogrande Racquet Centre, es el alma de un club que nació de su apuesta personal por la diversidad deportiva en la urbanización y por el que a día de hoy han pasado hasta tres generaciones distintas. 

    Durante la entrevista, este linense de origen humilde nos hablaba de su “adicción” por el deporte y más concretamente por el fútbol. En su barrio era habitual ver a los niños jugar con el balón, pero Manolo mostraba una habilidad especial. Aquello le sirvió para que Juan Campillo, un profesor cordobés que llegó a su colegio, lo escogiera para jugar con él al tenis en las pistas municipales. A partir de ese momento se abriría ante él la puerta a un mar de posibilidades. “A mí este profesor me dio a conocer un mundo que yo no conocía. Yo siempre digo que a mí el tenis me educó, me abrió la mente a otra forma de pensar”, explicaba. 

    Sotogrande es el mejor lugar del mundo para vivir

    Su interés y aptitudes les valieron para que en el Tenis Club Linense lo hicieran socio por méritos deportivos. Algo que no duda en agradecer recordando a los entonces miembros de la Junta Directiva, José Antonio Fernández Pons y Juan García Quirós. 

    Fue el primero de su barriada en ir a la universidad, aunque las circunstancias personales tras el fallecimiento de sus padres le hicieron tener que buscar trabajo a los 18 años, cuando le ofrecieron la posibilidad de dar clases en el club linense. “Yo no sabía si me iba a gustar enseñar, porque a mí me gustaba jugar. Fue una necesidad”, decía. Y desde entonces ya han pasado 42 años dedicado a una profesión en la que, como él reconoce, hay una delgada línea entre lo que supone trabajo y hobby. 

    A principios de los 80 y gracias a Andrés Lara y su familia, Manolo empezó a enseñar en Sotogrande con la intención de aprender inglés. Poco tardó en extenderse el boca a boca, hasta que un día Cándida Taylor le propuso dar clases en El Octógono, aunque finalmente solo se quedó con las clases de El Cucurucho. “Conforme iba creciendo el número de niños, las necesidades también aumentaban y en el 96 yo le propuse a Sotogrande hacer un club de tenis y pádel. Lo hicimos, nunca olvidaré la primavera del 97, hice de fontanero, de albañil…de todo. Y el 20 de julio, con mucha ayuda y el apoyo de Sotogrande pudimos inaugurarlo, y ya hace 24 años de esto”, nos contaba. Justo en ese momento empezaba la historia del club que le cambió la vida definitivamente a él y a toda su familia. Y aunque con pena tuvo que dejar su trabajo en La Línea, hoy se alegra de haber tomado aquella decisión. “Aquí siempre me han tratado muy bien, tengo clientes-amigos que el día que lo deje me van a  entrar unas ganas de llorar terribles, pudimos hacer vida aquí, traer a la familia a vivir y le pudimos dar a nuestros hijos la educación en el Colegio Internacional”. Manolo no lo duda ni un segundo, “Sotogrande es el mejor lugar del mundo para vivir”.

    Pero en el éxito de esta apuesta personal, nuestro protagonista elogia la confianza y la implicación de su mujer, que desde un principio apostó por el proyecto de su marido. “Cuando ella terminó la carrera de Farmacia había que elegir entre su sueño o el mío. Eligió el mío y lo invertimos todo aquí”, recordaba. A lo largo de todos estos años, aunque ella ha mantenido su trabajo como farmacéutica en Gibraltar, su implicación y la de sus hijos ha sido absoluta y decisiva para el éxito del club.

    Hoy Sotogrande Racquet Centre no es solo una de las paradas obligadas de las familias en la urbanización, sino que además es el único club de España por donde la élite del pádel mundial ha llegado a venir hasta tres veces al año. Un centro deportivo donde Manolo ha instruido a personalidades, como miembros de la nobleza inglesa, al dueño del Chelsea, Román Abramóvich; así como a grandes empresarios y miembros de la banca españoles. “Con cualquiera de estas personas yo al minuto uno rompo el hielo y los trato exactamente igual que a ti”, aclaraba. 

    El resultado de todo ello ha sido levantar y mantener uno de los clubes de pádel y tenis con mejor ubicación del país e icono de Sotogrande.