Por Miguel Sánchez
Con la llegada del mes de junio y el aumento progresivo de las temperaturas, los expertos sanitarios advierten sobre los riesgos asociados a la exposición prolongada al calor extremo, especialmente en el hogar, en el trabajo al aire libre, así como en playas, piscinas o incluso en el interior de vehículos. Entre las principales amenazas para la salud destaca el golpe de calor, una urgencia médica grave que puede ocasionar daños irreversibles en los órganos e incluso poner en peligro la vida si no se trata de forma inmediata.
El golpe de calor se produce cuando el organismo pierde la capacidad de regular su temperatura corporal, llegando a superar los 40 grados centígrados. Según explican los especialistas, esta situación puede desarrollarse tras unas pocas horas de exposición a altas temperaturas o aparecer de manera progresiva durante varios días.
Entre los síntomas más habituales se encuentran la fiebre elevada sin causa infecciosa aparente, la piel enrojecida y seca debido al cese de la sudoración, así como alteraciones neurológicas como confusión, desorientación, mareos intensos o pérdida de conocimiento. También pueden aparecer dolores de cabeza, náuseas, vómitos y un aumento del ritmo cardiaco y respiratorio.
El doctor Enrique Jorge García Vena, médico de Urgencias del Hospital Quirónsalud Campo de Gibraltar, explica que el principal objetivo en estos casos es “reducir la temperatura corporal central por debajo de 39 °C en menos de 60 minutos para evitar daños neurológicos o multiorgánicos”.
Para ello, el protocolo hospitalario contempla un enfriamiento activo inmediato. “El paciente es desnudado y colocado en un ambiente frío. Se aplican medidas físicas como la inmersión en agua fría o el rociado constante con agua mientras se ventila con aire a alta velocidad para facilitar la evaporación”, detalla el especialista.
Asimismo, García Vena señala que durante la atención médica “se canalizan vías intravenosas para la reposición rápida de líquidos con sueros fríos y se corrigen los desequilibrios electrolíticos, monitorizando continuamente la temperatura corporal, el ritmo cardiaco, la saturación de oxígeno y la presión arterial”.
En los casos más graves, cuando el paciente presenta una disminución importante del nivel de conciencia o dificultades para mantener la vía aérea, puede ser necesaria la intubación y ventilación mecánica.
En cuanto a la prevención, el especialista insiste en la importancia de mantener una correcta hidratación, bebiendo agua de manera frecuente y evitando bebidas alcohólicas, azucaradas o con cafeína, ya que favorecen la deshidratación.
Además, recomienda protegerse del sol mediante el uso de gorras, sombreros, gafas de sol y protección solar de factor alto, así como evitar realizar ejercicio físico o actividades al aire libre durante las horas centrales del día, siendo preferible optar por la primera hora de la mañana o el atardecer.
Respecto a la alimentación, aconseja consumir comidas ligeras y frescas, como frutas, ensaladas o gazpacho, evitando platos copiosos o de digestión pesada.
Por último, subraya la importancia de mantener espacios frescos y ventilados en el hogar, abriendo ventanas a primera hora de la mañana o durante la noche y bajando persianas o toldos durante las horas de mayor insolación.

