Por Miguel Sánchez

Muchos pacientes asmáticos experimentan una mejoría de sus síntomas durante los meses de verano, especialmente tras una primavera marcada por la elevada presencia de alérgenos. Sin embargo, esa sensación de bienestar puede llevar a reducir o incluso abandonar el tratamiento sin supervisión médica, una decisión que incrementa el riesgo de sufrir crisis asmáticas.

El doctor José María Ignacio García, especialista en Neumología del Hospital Quirónsalud Campo de Gibraltar y del Hospital Quirónsalud Marbella, advierte de que esta situación es más frecuente de lo que parece. «Muchos pacientes mejoran en verano y piensan que ya no necesitan el tratamiento, por lo que lo suspenden», explica.

Según el especialista, este exceso de confianza se produce en todas las edades, aunque es especialmente habitual entre los niños. Por ello, insiste en que la medicación «nunca debe suspenderse» sin indicación médica. En algunos casos, añade, el tratamiento puede ajustarse o reducirse, pero siempre bajo la supervisión del especialista.

Además, el verano también presenta factores que pueden agravar el asma. Las altas temperaturas favorecen la sequedad de las vías respiratorias, haciendo que el moco sea más espeso y difícil de expulsar. A ello se suma la presencia de determinados alérgenos estivales, como algunos pólenes, los ácaros y los hongos, que proliferan en ambientes húmedos y en espacios con sistemas de aire acondicionado.

El cloro de las piscinas es otro elemento a tener en cuenta. El neumólogo señala que las cloraminas que se liberan al ambiente pueden empeorar los síntomas, especialmente en piscinas cubiertas con poca ventilación y en niños. No obstante, aclara que los pacientes asmáticos pueden bañarse con normalidad en piscinas al aire libre o en instalaciones interiores correctamente ventiladas.

La hidratación también resulta fundamental durante esta época del año. La deshidratación provocada por el calor aumenta la viscosidad del moco y puede dificultar la respiración, por lo que mantener una adecuada ingesta de líquidos ayuda a controlar mejor la enfermedad.

Respecto al uso del aire acondicionado, el doctor recomienda limpiar periódicamente los filtros para evitar la acumulación de polvo, hongos y otros alérgenos. Asimismo, aconseja evitar temperaturas excesivamente bajas, ya que los cambios bruscos de temperatura y el aire muy seco pueden desencadenar una crisis asmática.

Por último, el especialista pone el foco en las viviendas con humedades, una situación frecuente en zonas costeras durante el verano. El moho presente en paredes y techos libera esporas que pueden agravar de forma importante el asma. Por ello, recomienda revisar el estado de la vivienda antes de alquilar un alojamiento vacacional, ya que, según explica, es habitual atender durante el verano a pacientes que sufren crisis tras alojarse en casas húmedas, mal ventiladas y con presencia de moho.