Miles de fieles abarrotaron el centro histórico de San Roque para presenciar el paso de las imágenes de las hermandades y cofradías de la ciudad en una jornada primaveral que borró el mal recuerdo del año pasado
San Roque vivió este Viernes Santo una de sus citas más esperadas: la Procesión Magna. Declarada de Interés Turístico Nacional de Andalucía, esta manifestación de fe, arte e identidad congregó a miles de personas en el casco histórico de la localidad. La Plaza de la Iglesia de Santa María La Coronada, punto de salida y llegada del cortejo, se mostró imponente desde primeras horas de la tarde, llena de fieles y visitantes ávidos de contemplar el paso de las catorce imágenes sagradas.
En esta edición, el tiempo acompañó con temperaturas casi veraniegas, alejando el fantasma de la procesión de 2024, deslucida por la lluvia. En esta ocasión, la ciudad lució sus mejores galas y el público respondió abarrotando calles y balcones en un recorrido que llevó a las hermandades desde la Plaza de la Iglesia a San Felipe, pasando por la Plaza de Andalucía, Terrero Monesterio, General Lacy, Colón, San José, San Nicolás y Rubín de Celis, para volver finalmente al templo mayor de San Roque.
Entre los pasos, desfilaron auténticas joyas del patrimonio religioso, como el Cristo de la Humildad y Paciencia, talla policromada del siglo XVII, traída desde Gibraltar en 1715; el Nazareno genovés, que se estableció en San Roque en 1722; o el Cristo de la Vera Cruz, datado en 1610 y vinculado históricamente a rogativas por la lluvia o el fin de epidemias. Tampoco faltaron el Santo Entierro, titular de la Magna y del siglo XV, y la Virgen de la Soledad, traída a San Roque por el sacerdote Romero de Figueroa en una arriesgada misión desde el Peñón.
La procesión, que se desarrolló con una cadencia solemne de 15 minutos entre pasos, fue encabezada por el escuadrón de romanos que precedía a la Cofradía de la Oración en el Huerto y cerrada por el Santo Entierro. Participaron también las hermandades de Medinaceli, la Humildad y Paciencia, el Nazareno, la Buena Muerte, la Vera Cruz, las Angustias y la Soledad, conformando una cita ineludible para los creyentes, pero también espectacular para el visitante que quiere presenciar un evento único en el que se unen devoción e historia.












