Vértigo, como cuando te asomas a la calle desde un piso 20, o 10. La tecnología, las tecnologías en general, avanzan a tal velocidad que se nos escapan sus efectos en todos los aspectos de nuestra vida. Apenas llegamos a entender y a prever la llamada inteligencia artificial; que ya está afectando el día a día o el minuto a minuto de nuestros actos y decisiones. Y ¿hasta dónde llegará?

Juan Carmona de Cózar. Abogado. Ex alcalde
Y además con un modo de funcionar todo, a consecuencia y con la excusa de las crisis, (sobre todo la de la epidemia viral de la COVID), que ha modificado, a mi entender a peor, toda la mecánica de la sociedad.
La banca, que hasta hace nada veíamos accesible y cercana, ahora es inaccesible para la mayoría. Se han cerrado miles de oficinas y se han despedido o prejubilado a miles de empleados. Ya no conocemos a nadie. Ya ninguno de los que quedan decide nada. Solo tratan de venderte cosas y tecnología, Es gente lejana y desconocida, y es la «inteligencia» de sus superordenadores la que te concede un crédito o el límite de la visa. Y todo lo han complicado mucho. Hasta niveles imposibles de alcanzar. A veces, para una empresa es complicadísimo, simplemente, abrir una cuenta. El ciudadano sufre colas y esperas. Se queja, pero poco a mi entender. Quizás por compasión hacia los escasos, e inhabilitados para resolver, empleados que se ven en las pocas mesas habitadas.
Han impuesto la cita previa, que se obtiene «hablando con máquinas».
Las grandes empresas de servicios – electricidad, agua, teléfono, … – siguen las mismas pautas aunque a veces, aguardando mucho, se consigue hablar con alguien en Perú, que no te entiende.
Las administraciones públicas han impuesto la firma electrónica, que solo es accesible para los administrados con un nivel cultural, o informático alto. o con recursos para contratar asesores.
Y tenemos también la delincuencia tecnológica, las estafas, la simple «cara dura», los robots, el paro que generan y más que generarán, con el consecuente empobrecimiento del trabajo
¿que fue del esperanzador movimiento del «soy mayor pero no tonto»?
La inteligencia artificial ha encontrado la manera de silenciarlo.
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Breakneck progress, by Juan Carmona
Vertigo, like when you look out onto the street from a 20th or a 10th floor. Technology, technologies in general, are advancing at such a speed that their effects on all aspects of our lives elude us. We are barely able to understand and foresee the phenomenon known as artificial intelligence, which is already affecting our day-to-day or minute-to-minute actions and decisions. But how far will it go?
And what’s more, with the way everything works, as a result of and with the excuse of the crises (especially the COVID pandemic), which has changed for the worse, in my opinion, practically the entire machinery of society.
Banking, which until recently we saw as accessible and close, is now inaccessible to the majority. Thousands of branches have been closed and thousands of employees have been laid off or have taken early retirement. We no longer know anyone. None of those who are left make decisions any more. They merely try to sell you goods and technology. They are distant and unknown people, and it is the «intelligence» of their supercomputers that grants you a credit or a visa limit. Everything has been made extremely complicated. To impossible levels. Sometimes it is very complicated for a business to simply open an account. The citizen suffers queues and delays. They complain, but very little to my understanding. Perhaps out of compassion for the few and unqualified employees at the few inhabited desks.
Appointments, which are arranged through speaking to machines, are imposed.
The big utility companies; for example, electricity, water, telephone…. – follow the same guidelines, although sometimes, after a long wait, you manage to speak to somebody in Peru, who just may not understand you.
Public administrations have imposed the electronic signature, which is only accessible to those with a high level of education or computer skills, or with the resources to hire experts.
And then there is technological delinquency, swindles, fraud, robots, the unemployment that they generate and will continue to generate, with the consequent impoverishment of the labour market.
Whatever happened to the hopeful «I’m old but I’m not stupid» movement?
Artificial intelligence has found a way to silence it.

