Abogados, empresarios y periodistas de ambos lados analizan con SGplus el nuevo escenario tras la apertura de la verja y el impacto jurídico, económico y social que ya empieza a transformar la vida en Gibraltar y el Campo de Gibraltar

La desaparición de la frontera con Gibraltar ha sido un momento histórico del que apenas estamos empezando a notar sus efectos en la zona. Tras décadas de separación física, política y fiscal, con la caída de la Verja se abre la posibilidad de reconstruir una relación que en demasiadas ocasiones ha estado marcada por la desconfianza, la incertidumbre y los vaivenes políticos, impidiendo la ya tan mencionada ‘prosperidad compartida’. La apertura ha generado alivio, expectativas y también preguntas para las miles de personas que cruzan la frontera cada día en ambos sentidos.

​Para intentar responderlas y analizar este hito alcanzado con la negociación post Brexit entre España, la Unión Europea y el Reino Unido, reunimos en nuestro Encuentro a profesionales que conocen a la perfección la situación en ambos lados de la ya desaparecida frontera: los abogados Alexis Gutiérrez y Ana Carracao (Hassans Sotogrande), Alejandro Ponce de León (Triay Abogados) y Cayetano Caparrós (Legal Rock); los empresarios Lorenzo Periañez y Guillermo Ruiz; y los periodistas Alberto Espinosa (Onda Cero) y María Jesús Corrales (Gibraltar Chronicle). Todos ellos aportaron una mirada complementaria sobre un proceso que, aunque ya está en marcha, aún necesita tiempo, voluntad y decisiones valientes.

​Para Ana Carracao, el impacto más visible ha sido económico. Desde su experiencia en el sector inmobiliario, ha observado un giro claro en la actitud de los inversores gibraltareños y británicos. “Cuando se confirmó el Brexit la gente no quería invertir en España porque se creó un miedo enorme. Y ahora, de repente, todo el mundo ve  potencial en tener un inmueble aquí por la cercanía con Gibraltar”, recuerda. Para ella, la frontera abierta no solo facilita el tránsito: “Se ha abierto también una frontera económica, y eso es enriquecedor para todos”.

​Por su parte, Alejandro Ponce de León coincide en que el cambio jurídico es incluso más profundo que el físico. La entrada en vigor del Tratado de 2021, la eliminación de la Verja y el papel de Frontex conforman un marco nuevo que afecta a empresas, trabajadores y residentes. “Hay mil cosas que cambian”, explicaba. “Y todo eso genera muchas dudas y preguntas en la ciudadanía. De hecho hay empresas con cientos de empleados preguntando cómo les afecta todo esto, desde si vale el carnet de conducir hasta cómo tributa un trabajador transfronterizo”, afirma basándose en su experiencia diaria. “Es un cambio enorme, pero lleno de oportunidades. Si sabemos aprovecharlo, este momento será positivo para ambos lados”.

​Otro factor positivo e inmediato para Alexis Gutiérrez ha sido que la apertura ha terminado rompiendo una incertidumbre que ya estaba paralizando decisiones importantes en el sector económico y empresarial. “El mercado estaba parado por el miedo a qué iba a pasar”, dijo. “Ahora esa incertidumbre se ha roto y empieza un proceso de adecuación”, explicó.

​Dentro de esos efectos que ya se van notando, varios invitados comentaron como ejemplo el importante incremento del precio de las viviendas en La Línea, mientras que en Gibraltar, algunos propietarios se preguntan si sus precios se ajustarán ante la posibilidad de vivir en España con más espacio y menos coste. “Esto es un punto de inflexión enorme, y aún hay que darle tiempo para que madure y se vayan viendo hasta dónde alcanzan sus efectos”, añadió Alexis.

​En este sentido, Ana Carracao añadió que, por el momento, el entusiasmo aún convive con la cautela, especialmente para la parte gibraltareña al recordar que “la frontera está abierta físicamente, pero no jurídicamente”, exponiendo temas como los días de residencia, las obligaciones fiscales y la llamada ‘cuarentena fiscal’, cuestiones que generan dudas entre quienes se plantean vivir en un lado y trabajar en el otro. “La gente piensa que puede vivir donde quiera porque se ha abierto la frontera, pero las normas siguen siendo las mismas y hay que cumplirlas”, aclaró Ana.

​De hecho, Alexis Gutiérrez apoyó la visión de su compañera en el bufete gibraltareño Hassans, insistiendo en que el desconocimiento aún es generalizado entre la población, “La gente está muy confundida con relación a los días de residencia y las obligaciones fiscales”, insistiendo en la necesidad de “dar tiempo” porque tras el gran acuerdo inicial, “queda mucho por aclarar y por regular” en cuanto al día a día de empresas y ciudadanos españoles y gibraltareños.

​Mirando de cara al futuro, pero rememorando el pasado, Alejandro Ponce de León evocó cómo era Gibraltar antes de la Verja, tal y como le había descrito Joseph Triay, padre de los actuales socios de su bufete y un gran defensor de la buena relación entre Gibraltar y España. “Había una convivencia natural”, dijo. “Matrimonios mixtos, familias que vivían en Getares y trabajaban en el Peñón… hasta un campo de golf en Campamento y una zona de bares de tapas que gente de Gibraltar frecuentaba todos los días. A mí me gustaría pensar que ese mundo deberíamos recuperarlo”. Su reflexión conectó con la memoria de muchos asistentes, que asentían recordando historias familiares.

​En este punto, el periodista Alberto Espinosa puso sobre la mesa otro factor clave. “Hay que acabar con la desconfianza de las dos partes. Este momento es demasiado importante para toda la zona como para quedarnos en la simpleza de que ya no hay colas”, afirmó, reforzando ese contrapunto más cotidiano pero necesario al debate orientado hacia lo jurídico y económico.

​Por otro lado, Lorenzo Periañez aportó una visión optimista: “Nunca ha habido fronteras mentales en la mayoría de los ciudadanos”. Para él, la libre circulación de personas y mercancías “es un impulso directo al pequeño comercio y la hostelería de la zona, que ya se está notando en la facturación en ambos lados. Y eso es solo el principio”, afirmó.

​Por su parte, la periodista María Jesús Corrales aportó una de las miradas más completas sobre el clima social en Gibraltar. “La primera sensación ha sido de mucho alivio», explicó. “La gente ha respirado tranquila porque ya no tenemos la espada de Damocles del control fronterizo cada día”, pero incidía en la necesidad de, como decía previamente Espinosa, superar la desconfianza que aún impera. “Hay que tener en cuenta que en Gibraltar hay una generación que vivió el cierre de la Verja y ese miedo o rechazo sigue ahí”.

​No obstante, también reconoció en su análisis que “hay muchas ganas de crear sinergias con el Campo de Gibraltar. Se están organizando encuentros, foros, reuniones… la gente quiere trabajar en colaboración y para el beneficio de todos”.

​“Somos como dos hermanos a los que les han quitado una barrera intermedia”, apuntó Guillermo. “Estoy seguro de quevamos a aportarnos mutuamente. Esto es algo muy grande y no somos conscientes de lo que significa”, añadió, incidiendotambién en la necesidad de más infraestructuras. “La Línea necesita más desarrollo”, afirmó. “Tenemos suelo, tenemos potencial, pero falta planificación. La entrada a la frontera, los accesos y la movilidad son elementos que deben adaptarse a la nueva realidad”.

​En el ámbito fiscal, el debate fue intenso. ¿Zona fiscal especial? ¿Incentivos? ¿Un modelo similar al canario? Alejandro Ponce de León defendió que el campo de Gibraltar debería tener una singularidad comparable a la de Canarias. “No se trata de pagar cero impuestos, sino de crear un marco atractivo y estable”. Cayetano Caparrós aportó la perspectiva del día a día: desde las dificultades para abrir cuentas bancarias hasta los problemas de notificaciones judiciales entre jurisdicciones. “Son detalles que afectan a la gente a diario y que también deben mejorar”, poniendo sobre la mesa que la prosperidad compartida no solo depende de acuerdos macroeconómicos, sino también de que los mecanismos administrativos funcionen con agilidad y sensibilidad.

​Sobre el futuro político del acuerdo, ahora que España ha entrado en periodo preelectoral, la opinión de que los pasos conseguidos deben ser inamovibles fue unánime en la mesa. María Jesús Corrales fue muy clara al respecto: “sería lamentable tirar por la borda lo que ha costado ocho años gestionar. Ni el campo de Gibraltar ni Gibraltar pueden permitirse perder esta oportunidad”. Su visión coincidió con la de Lorenzo Periañez, que añadió su temor a un nuevo gobierno en España que pusiera en peligro el acuerdo.

​Alexis Gutiérrez, sin embargo, cree que el campo de Gibraltar tiene más poder del que imagina. “Cuando en Madrid escuchen que aquí todo el mundo quiere que la Verja esté abierta, entenderán que no pueden tocarla”.

​Su reflexión apuntaba a un elemento clave que unió a todos: la importancia del impulso de la sociedad civil de la zona. “No podemos esperar a los políticos, hemos de ser los propios ciudadanos los que impulsemos el proceso”, afirmó Guillermo Ruiz, coincidiendo con Alejandro Ponce de León: “Somos nosotros quienes debemos transmitir el mensaje positivo”. En este sentido, María Jesús Corrales recordó que ya ocurrió en 2013, cuando las colas interminables en la frontera movilizaron a empresas y sindicatos. “La sociedad civil se levantó y funcionó”, afirmó. “Si ven desde Madrid que la sociedad civil de Gibraltar y la comarca está unida y camina junta, habrá mucho ganado”.

​El cierre del encuentro dejó una reflexión compartida: el acuerdo es histórico, pero no está ni mucho menos terminado, porque como decía Alejandro Ponce de León. “El trabajo difícil ya está hecho. Ahora toca que se invierta dinero, tiempo y ganas”. Lorenzo Periañez lo resumió con una frase que podría servir de epílogo a un encuentro tan interesante sobre un hito tan histórico como la desaparición de la Verja de Gibraltar: “Si dejamos las banderas a un lado y priorizamos a los ciudadanos, la prosperidad compartida será una realidad”.