Ana María Iglesias. La determinación femenina en un mundo de hombres

    La historia que SGplus acerca en esta sección se basa en el coraje y la valentía demostrada por la rejoneadora sanroqueña, a la que el destino quiso cambiar de rumbo 

    Por Reyes Seijas

    Ana María Iglesias es el prototipo de mujer que parece haber nacido en una época que no le correspondía. O igual era la historia en sí y la realidad de una España inmersa en el franquismo, la que llegaba tarde a las inquietudes de mujeres como ella. Ciudadanas que respiraban aires de modernidad y gallardía en todos los aspectos de su vida. Su carácter, sus gustos, sus ilusiones y su crecimiento personal ante las adversidades, la han hecho protagonista de una vida marcada por la determinación. Y de la que hoy queremos resaltar aquella breve aunque intensa y sorprendente carrera como rejoneadora.

    La persona que hoy protagoniza esta sección nació en Tarifa pero su familia pronto se trasladó a San Roque, donde por el trabajo como administrador de su padre en el cortijo El Escobero, ella creció junto a sus tres hermanas y cuatro hermanos, entendiendo desde muy pequeña el mundo del caballo y las ganaderías. Pero de todos, ella que se confiesa inquieta y traviesa, aunque de carácter serio, fue la única que aprendió a montar a caballo desde los siete años. “A pelo”, como nos decía, todavía ajena a los peligros que podía suponer montar en esas circunstancias para una niña de su edad. 

    Los años fueron pasando y ella seguía demostrando su pasión y destreza sobre el caballo. Cuenta que a través de los contactos de uno de sus hermanos, le propusieron formar parte del festival benéfico taurino que se celebraría el 21 de septiembre de 1952. Y aunque nadie le hizo ninguna prueba previa y ella solo sabía montar a caballo, con 19 años se estrenó como rejoneadora en la Plaza de Toros de San Roque. “Yo encantada de la vida”, nos decía Ana María, que a sus 86 años y con la templanza que da la experiencia y la distancia, recuerda la expectación que aquello generó. Asegura no haber pasado miedo, sino responsabilidad ante una plaza llena de gente que había pagado para verla. “Yo escuchaba decir mi nombre y llamarme guapa. Mi intención era sacar aquello lo mejor posible”, recordaba Ana María.   

    La historia sobre su incursión en el mundo del toro es algo que, según nos contaba Miguel Ángel Moreno, uno de sus cuatro hijos, ha sido algo que siempre se ha hablado en su familia. Pero debido a la falta de documentos y el relato de los hermanos mayores de Ana María, ya fallecidos, no han conseguido concretar a día de hoy en cuántas corridas participó realmente la sanroqueña. Por lo que prefieren basarse solo en los tres carteles de los que disponen de copias y cuyos originales se encuentran en el Museo Taurino de San Roque. Después del éxito en San Roque, en el verano del 53 la joven rejoneadora fue reclamada por las plazas de Estepona y Marbella, compartiendo cartel con un joven Miguelín que también se empezaba a abrir camino. 

    Pero como apuntábamos al inicio, la carrera de Ana María Iglesias pronto se vería frenada por los acontecimientos sobrevenidos. Ya por aquel entonces, la valía de la joven fue reconocida y aplaudida por Carlos Núñez, para el que trabajaba su padre. El prestigioso ganadero le ofreció ayudarlo a sacar adelante la carrera de Iglesias, pero también quiso ponerlo en preaviso de las dificultades que el mundo del toreo podía plantearle a una mujer joven como su hija. Aquello, unido al incidente de la sanroqueña en la última corrida y la llegada de una carta informando de la necesidad de pertenecer al Sindicato Vertical para poder seguir toreando, hicieron desistir al padre de Ana María. 

    Hasta dónde podría haber llegado su carrera es una incógnita que permanecerá en el aire. Disfrutó lo que hizo y después demostró ser una mujer de valentía y adelantada a su tiempo, que habiendo enviudado con 39 años, crió a sus cuatro hijos, se sacó el carnet de conducir y trabajó en todo lo que le vino a bien en cada momento de su vida. “Si hubiese sido hombre, cuántas cosas hubiese hecho yo”, reflexionaba. Hoy puede presumir de haber sido probablemente la primera mujer rejoneadora de Andalucía.