El especialista Fernando Gallardo destaca la importancia de reconocer los síntomas a tiempo y de aplicar tratamientos personalizados para reducir las complicaciones y las secuelas.

La trombosis venosa profunda y la embolia pulmonar son las dos principales manifestaciones de la enfermedad tromboembólica venosa, una dolencia que puede tener consecuencias graves si no se detecta y trata a tiempo. El diagnóstico precoz y los avances en las técnicas endovasculares permiten abordar los casos más complejos y mejorar la calidad de vida de determinados pacientes.

Fernando Gallardo, jefe del Servicio de Angiología y Cirugía Vascular del Hospital Quirónsalud Campo de Gibraltar y del Hospital Quirónsalud Marbella, explica que la enfermedad consiste en la formación de coágulos sanguíneos en el sistema venoso. Aunque puede aparecer a cualquier edad, el riesgo aumenta con los años y también está relacionado con factores como la inmovilización prolongada, los traumatismos, el cáncer, la obesidad, el embarazo o los antecedentes de trombosis.

El especialista advierte de que una hinchazón reciente en una pierna, el dolor, el aumento de temperatura o los cambios de color pueden ser señales de una trombosis venosa profunda. Ante estos síntomas, recomienda acudir al médico de forma urgente, preferiblemente el mismo día. Si aparecen falta de aire repentina, dolor torácico, tos con sangre, desmayo o un deterioro brusco del estado general, es necesario acudir inmediatamente a urgencias o llamar al 112 por la posibilidad de una embolia pulmonar.

La ecografía Doppler es la principal prueba para estudiar una posible trombosis en las piernas, mientras que otras técnicas de imagen, como el angio-TAC, permiten investigar una posible embolia pulmonar. La elección de las pruebas depende de los síntomas y de las características de cada paciente.

Tratamientos adaptados a cada paciente

La anticoagulación constituye la base del tratamiento, ya que evita que el coágulo crezca y reduce el riesgo de embolia pulmonar y de nuevas trombosis. En determinados casos de trombosis extensa, especialmente cuando afecta a las venas ilíacas y femorales y provoca síntomas importantes, pueden valorarse técnicas mediante catéteres para retirar el trombo o administrar fármacos directamente en la zona afectada.

Entre las opciones disponibles se encuentra la angioplastia venosa, un procedimiento que utiliza un balón para ampliar el segmento estrechado de una vena. Cuando existe una obstrucción significativa, puede ser necesario colocar un stent, una malla metálica que ayuda a mantener abierto el vaso y facilita el retorno de la sangre.

Estas intervenciones pueden estar indicadas cuando persisten obstrucciones relevantes después de retirar un trombo o cuando una obstrucción crónica provoca hinchazón, dolor al caminar o úlceras venosas. En pacientes seleccionados, recuperar la circulación puede aliviar los síntomas, mejorar la movilidad y favorecer la cicatrización. No obstante, la indicación debe individualizarse y la presencia de una compresión venosa sin síntomas ni repercusión clínica no justifica por sí sola la colocación preventiva de un stent.

Una de las posibles complicaciones a largo plazo es el síndrome postrombótico, que puede causar pesadez, edema, dolor, alteraciones cutáneas y, en los casos más graves, úlceras. Las técnicas de retirada precoz del trombo pueden reducir la gravedad de las secuelas en determinados pacientes, aunque no eliminan por completo el riesgo.

La prevención y el seguimiento, claves para la recuperación

Mantener una actividad física regular, evitar los periodos prolongados de inmovilidad y controlar el peso son algunas de las medidas recomendadas para reducir el riesgo. Durante los viajes largos, conviene caminar periódicamente y mover las piernas y los tobillos. En pacientes hospitalizados o que van a someterse a una intervención quirúrgica, la prevención debe adaptarse al riesgo individual.

Tras el tratamiento, resulta fundamental seguir la pauta antitrombótica prescrita y acudir a los controles clínicos y ecográficos para comprobar la evolución de la vena y, cuando corresponda, del stent. La aparición de una nueva hinchazón o dolor requiere una valoración médica rápida, mientras que la falta de aire o el dolor torácico precisan atención urgente.

El reconocimiento temprano de los síntomas, la prevención y la selección adecuada del tratamiento son factores esenciales para reducir las complicaciones de la enfermedad tromboembólica venosa y mejorar la recuperación de los pacientes.