Jane Goodall, la primatóloga  cuyo trabajo con chimpancés  transformó nuestra comprensión sobre el comportamiento de estos animales , ha fallecido este mes  dejando un gran legado y siendo modelo de inspiración para muchas generaciones

Por OLIMPIA TARDÁ, gerente del International Montessori School
psicóloga infantil, especialista en coaching familiar

Nacida en abril de 1934 en y criada en el sur de Inglaterra, ya desde muy pequeña mostró una innata curiosidad por la naturaleza. Esta pasión y el apoyo de su madre hicieron que Jane persiguiese su sueño de ir a África a estudiar a los animales salvajes. Su sensibilidad hacia el mundo natural marcaron el camino de lo que sería una vida dedicada a la observación, la investigación y la defensa del medio ambiente.

En 1960, Jane se adentró en la selva africana para iniciar una de las investigaciones más influyentes de la historia de la primatología. Hasta entonces, los chimpancés eran vistos como animales más bien primitivos, muy alejados del ser humano. Pero ella comenzó a observarles desde una mirada diferente: la del corazón. Pasó horas y días escondida entre los árboles, observando en silencio, aprendiendo de ellos sin interrumpir su mundo. Con el tiempo, los chimpancés la aceptaron. Ella los conoció por sus gestos, sus juegos, sus emociones. Les puso nombres, no números, porque para Jane, cada uno era un ser único, con sentimientos y personalidad.

Su descubrimiento más sorprendente llegó cuando vio a un chimpancé crear una herramienta para atrapar termitas. Hasta ese momento, se creía que solo los humanos podían hacerlo. Sus observaciones revelaron que los chimpancés podían sentir emociones complejas ,crear lazos familiares profundos, podían amar, sufrir, cooperar y también tener conflictos. Gracias a ella, el mundo empezó a mirar a los animales con mayor empatía. Así, demostraba que la frontera entre los animales y nosotros no era tan grande como pensábamos.

Con el paso de los años, Goodall dejó de centrarse exclusivamente en la investigación para dedicarse a la conservación ambiental y convertirse en una defensora del planeta. Alarmada por la destrucción de los hábitats naturales y la caza furtiva que amenazaban a los chimpancés, fundó en 1977 el Instituto Jane Goodall, dedicado a la protección de los primates y la promoción de proyectos sostenibles en comunidades locales.  Más tarde creó el programa Raíces y Brotes, que inspira a jóvenes de todo el mundo a cuidar del medio ambiente y actuar con compasión hacia todas las formas de vida.

En una  entrevista recordó el día que, después de una conferencia, un niño le preguntó: «Si recojo un pedazo de basura todos los días, ¿eso marcará una diferencia?».

Ella respondió: «Sí y podrías persuadir a 10 de tus amigos para que recojan la basura todos los días, y luego cada uno de ellos puede persuadir a 10 de sus amigos».

Y acotó: «Los ojos del niño se hicieron más grandes y más grandes. Él crecerá con esperanza “

Ella no solo nos enseñó sobre los chimpancés, sino también sobre nuestra capacidad de  respeto y conexión con la vida. Su mensaje resuena en cada rincón del planeta:

“Cada persona importa. Cada acción cuenta. Cada día marca la diferencia.”

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Jane Goodall, the voice that united humanity and nature

Jane Goodall, the pioneering primatologist whose work with chimpanzees transformed our understanding of animal behavior, has passed away this month, leaving behind an extraordinary legacy and inspiring generations across the world.

Born in April 1934 and raised in southern England, Goodall showed an innate curiosity for the natural world from an early age. Encouraged by her mother, she pursued a dream that seemed almost impossible for a young woman at the time — to go to Africa and study wild animals. Her deep sensitivity to nature would define a life devoted to observation, discovery, and the defense of the environment.

In 1960, Jane ventured into the African forest to begin one of the most influential scientific studies in history. Until then, chimpanzees were seen as primitive creatures, far removed from humans. But she looked at them differently — with empathy, patience, and respect. She spent countless hours hidden among the trees, watching quietly, learning without intruding. Over time, the chimpanzees accepted her. She came to know them through their gestures, their play, their emotions. She gave them names, not numbers — because for Jane, each one was an individual, a being with feelings and a distinct personality.

Her most groundbreaking discovery came when she observed a chimpanzee fashioning a tool to catch termites — a behavior once thought to be uniquely human. From then on, Goodall’s research showed that chimpanzees could love, suffer, cooperate, and even wage conflict. They built families, shared affection, and felt loss. Her work reminded the world that the line separating humans from other animals was far thinner than we had imagined.

In later years, Goodall shifted her focus from research to advocacy. Alarmed by the destruction of habitats and the poaching that threatened chimpanzees, she founded the Jane Goodall Institute in 1977 — an organization dedicated to protecting primates and promoting sustainable development within local communities. Later, she launched Roots & Shoots, a program that continues to inspire young people around the world to care for the environment and act with compassion toward all living things.

In one interview, she recalled a moment after a talk when a young boy asked her:

“If I pick up one piece of litter every day, will that really make a difference?”

She smiled and replied:

“Yes — and if you persuade ten of your friends to do the same, and each of them persuades ten more, imagine what could happen.”

“The boy’s eyes grew wider and wider,” she said. “He will grow up with hope.”

Jane Goodall didn’t just teach us about chimpanzees — she taught us about ourselves: about empathy, humility, and our deep connection to all life on Earth. Her message continues to echo across the globe:

“Every individual matters. Every action counts. Every day makes a difference.”