
Por OLIMPIA TARDÁ, gerente del International Montessori School
psicóloga infantil, especialista en coaching familiar
«La gratitud no es solo la más grande de las virtudes, sino la madre de todas las demás» Cicerón. Esta idea sugiere que el ser agradecidos, nos predispone a desarrollar otras cualidades positivas.
Según Nazaret Castellanos, neurocientífica y divulgadora española, la gratitud se define como el reconocimiento de que algo positivo sucede, y está acompañado (consciente o inconscientemente) de una valoración hacía alguien, o hacia alguna fuerza impersonal como la naturaleza o una entidad divina, y tiene un impacto significativo en el cerebro, promoviendo cambios en áreas como la corteza prefrontal y mejorando el bienestar general. Practicar la gratitud, tanto al recibir como al dar, fortalece conexiones neuronales asociadas con emociones positivas y reduce el estrés y la ansiedad.
Numerosos estudios señalan la práctica de la gratitud como terapia para proteger o sanar la salud mental. Sin embargo, a pesar de que siempre suele haber algo por lo que sentirnos agradecidos, nuestra mente tiene un sesgo de negatividad natural y tiende a pasar por alto todas las cosas positivas presentes en nuestra vida, permitiendo que los pensamientos y las experiencias negativas tengan un mayor impacto y, en muchas ocasiones, esto nos deja anclados en la queja, el victimismo o en la culpa.
La buena noticia es que, como señalan los expertos sobre el tema, la gratitud se puede entrenar y las pequeñas cosas que hacemos habitualmente pueden crear una espiral ascendente de sentimientos positivos en el cerebro. Por ejemplo, acabar tu día agradeciendo algunas de las experiencias vividas, o empezarlo centrándote en una cosa por la que sentirte agradecido, hablarte bonito ante el espejo, agradecer a amigos o familiares más a menudo y elogiarles, disfrutar de las pequeñas cosas cotidianas que suelen pasar desapercibidas…..
Porque como decía Einstein, solo hay dos formas de vivir la vida: pensando que nada es un milagro o creer que todo lo es.
Yo quiero pensar que todo lo es, y los que trabajamos en educación lo vemos a menudo. Es milagroso ver la transformación que viven los alumnos cada año, es milagroso ver cómo se superan y se crecen ante los retos, cómo afrontan situaciones y se van volviendo cada vez más autónomos en su propio proceso de aprendizaje. Y es que, los que hacen que esa magia surja, sus profesores, sí que merecen nuestra gratitud, porque la enseñanza es un arte y los maestros que viven su profesión desde el amor por la infancia, unos verdaderos artistas.
Así que quiero empezar mi día hoy, agradeciendo a todos los profesores en general, y a los del International Montessori School , en particular, por todo el esfuerzo y dedicación puestos al servicio de sus alumnos, por el cariño mostrado, por dejar los propios problemas a un lado cuando entran por la puerta del cole y mostrar su mejor sonrisa para ofrecer su mejor versión, por motivarles, incitarles a pensar por sí mismos , en definitiva por ayudarles a desarrollar su máximo potencial para que ellos puedan llegar a transformar el mundo.
Feliz Verano

